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Van Dam: Anatomía de una falsa acusación

Después de cuatro décadas el bonchiche continúa. Muchos hablan, pero nadie presenta pruebas. No pueden, simplemente porque detrás del caso Van Dam no hubo corrupción.

Después de cuatro décadas el bonchiche continúa. Muchos hablan, pero nadie presenta pruebas. No pueden, simplemente porque detrás del caso Van Dam no hubo corrupción.

Los rumores y mentiras comenzaron desde «que la propuesta entró en la Comisión Financiera Nacional. ¡Claro, como era una obra de 100 millones de dólares, muchos decían que alguien se tenía que estar llevando algo!», señala el Dr. Ernesto Pérez Balladares en su autobiografía «El Panamá que construimos». La historia completa en torno al proyecto de construcción del segundo puente sobre el Canal y la autopista Arraiján-Panamá es el punto de partida del capítulo 7, titulado «La dictadura del Man».

Cuando en la administración del presidente Aristides Royo se aprobó el desarrollo de este proyecto, en agosto de 1980, el autor ejercía el cargo de ministro de Hacienda y fue el único miembro del gabinete ejecutivo que NO estuvo de acuerdo con su ejecución. En su libro, Pérez Balladares presenta importantes documentos oficiales y sólida hemerografía para explicar de dónde salió la idea de esta obra pública y las razones de su oposición a la propuesta. También presenta todos los detalles de las empresas que compitieron para adjudicarse el proyecto y por qué se le concedió al consorcio Industrias Metalúrgicas Van Dam Sosa y Barbero Constructores S.A. Por si fuera poco, deja en total claridad hasta dónde avanzó la construcción y la secuencia de acontecimientos desafortunados que llevaron a la cancelación abrupta del proyecto. Este punto de quiebre ocurrió dos años después de la muerte del general Omar Torrijos, durante la presidencia de Ricardo de la Espirella, el 18 de marzo de 1983, cinco meses antes de que Manuel Antonio Noriega le dijera al general Paredes «¡Buen salto, Rubén!»

Lo más importante de toda esta historia es que el puente Van Dam y la autopista fueron una obra financiada por el gobierno de Venezuela. Es decir, los constructores recibian los recursos económicos directamente del Banco Central de Venezuela, luego de cumplir con una serie de complejos lineamientos que justificaran el desembolso de los pagos. El Estado panameño jamás recibió un centavo para esta obra. Por el contrario, quedó con una deuda que comenzaría a pagar luego de cuatro años de gracia y el equivalente en bolívares, moneda oficial de Venezuela que luego de la firma del acuerdo binacional sufrió una increíble devaluación. La firma de Ernesto Pérez Balladares como ministro de Hacienda era la garantía para los venezolanos de que los panameños cumplirían con sus compromisos. Pero en su afán por apoderarse del país, Noriega y sus compañeros, entre los que estaba Rubén Dario Paredes, no solo pusieron en pausa el proceso de democratización; también dejaron en el aire obras públicas como el proyecto Van Dam sin medir las consecuencias en el tiempo.

Definitivamente, para conocer los detalles de esta compleja historia debe leer «El Panamá que construimos». Sin embargo, podrá tener una visión panorámica en este vídeo que dejamos a continuación.

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