Discurso de Pérez Balladares al ser declarado “Hijo Meritorio de la Ciudad”

Estas fueron las palabras del Dr. Ernesto Pérez Balladares, ex presidente de la República de Panamá, durante la sesión solemne del Consejo Municipal de Panamá, en el marco de la celebración de los 500 años de la fundación de la Ciudad de Panamá este 15 de agosto de 2019, al ser declarado “Hijo Meritorio de la Ciudad” y recibir las llaves de la ciudad. Para ver reseña del evento clic aquí.

BUENAS NOCHES
EXCELENTÍSIMO SEÑOR LAURENTINO CORTIZO
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

SU EXCELENCIA MARCOS CASTILLERO
PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA NACIONAL

SU EXCELENCIA HERNÁN DE LEÓN BATISTA
MAGISTRADO PRESIDENTE DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SU EXCELENCIA JOSÉ GABRIEL CARRIZO
VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y MINISTRO DE LA PRESIDENCIA

SU EXCELENCIA MIREYA MOSCOSO
EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

SUS EXCELENCIAS MINISTROS DE ESTADO

SU EXCELENCIA REVERENDISIMA MONSEÑO JOSÉ DOMINGO ULLOA
ARZOBISPO DE PANAMÁ

SU EXCELENCIA MIROSLAW ADAMCZYK
NUNCIO APOSTÓLICO DE LA SANTA SEDE

SUS EXCELENCIAS CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO EN NUESTRO PAÍS

HONORABLES DIPUTADOS DE LA ASAMBLEA NACIONAL

HONORABLE SEÑORA KENIA PORCELL PROCURADORA GENERAL DE LA NACIÓN

HONORABLE SEÑOR RIGOBERTO GONZÁLEZ MONTENEGRO
PROCURADOR DE LA ADMINISTRACIÓN

HONORABLE SEÑOR JOSÉ LUIS FABREGA POLLERI
ALCALDE DEL DISTRITO DE PANAMÁ

HONORABLE CONCEJAL CARLOS PÉREZ HERRERA
PRESIDENTE DEL CONSEJO MUNICIPAL DE PANAMÁ Y REPRESENTANTE DEL CORREGIMIENTO DE SAN FRANCISCO

HONORABLE SEÑORA JUDY MEANA
VICEALCALDESA DEL DISTRITO DE PANAMÁ

HONORABLES SEÑORES DE ENTIDADES GUBERNAMENTALES

HONORABLE CONCEJAL MARIO KENNEDY
VICEPRESIDENTE DEL CONSEJO MUNICIPAL Y REPRESENTANTE DEL CORREGIMIENTO DE SAN FELIPE

HONORABLES CONCEJALES DIRECTIVOS DEL CONSEJO MUNICIPAL
MIEMBROS DE LA PRENSA PÚBLICO GENERAL

Pocas ciudades en nuestra América pueden exhibir un cúmulo de galardones y de hitos históricos transcendentales tan rico como el de esta ciudad que hoy celebra 500 años, y que nos congrega en el sitio mismo donde Pedrarias Dávila decidió fundarla. De la misma manera, difícilmente podría imaginar honores mayores que el que me ha hecho el Consejo Municipal de Panamá de otorgarme las llaves de esta ciudad cinco veces centenaria y mil veces gloriosa.
Esta primera ciudad fundada en las orillas del Mar del Sur tuvo signado un destino desde el momento mismo de su nacimiento: la puerta de unión entre los grandes océanos. Por aquí habrían de pasar los conquistadores españoles hacia el sur, y por aquí habrían de pasar también los metales preciosos en su camino a España. Y desde entonces esta ciudad ha sido, es, y seguirá siendo un punto de unión entre el norte y el sur, entre el este y el oeste, y donde han confluido desde siempre, sueños, aspiraciones, codicias y ambiciones.
Los cinco siglos que siguieron a aquel 15 de agosto de 1519 no hicieron sino confirmar ese destino inexorable.
Esta fue la ciudad a la que el Libertador Simón Bolívar señaló como la que debía ser la capital de América integrada con la que él soñó.
Si bien ello nunca se materializó, nosotros podemos seguir soñando: que esta ciudad nuestra aunque no sea la capital política del continente, sí sea la capital del entendimiento entre las naciones, la capital de la concordia, la capital de la amistad entre los pueblos.
Y podríamos hacer un largo inventario de acontecimientos, tanto gloriosos como trágicos, de los que esta “vetusta torre” ha sido testigo en el medio milenio que lleva de existencia. Pero dejémosle esa tarea a otros. Hoy solo digamos que lo que ha moldeado la ciudad que hoy tenemos es la fusión de júbilos y de desgracias, de heroísmos y de fatalidades, de sueños alcanzados y de esperanzas frustradas.
Aquí se libró la batalla más cruenta de la Guerra de los Mil Días –la del puente de Calidonia—y aquí en su bahía se firmó también la paz definitiva. Aquí panameños derramaron su sangre para que tuviéramos un solo territorio y una sola bandera, y aquí también se canjearon los instrumentos de ratificación de los tratados Torrijos-Carter, que hicieron que ese sacrificio no resultara vano.
Todas las generaciones, sin excepción, han contribuido, desde sus oficios, aficiones y competencias al desarrollo de esta ciudad desordenada y a ratos caótica que hoy tenemos; a esta ciudad de rascacielos y de cinturones de pobreza, a una ciudad en la que conviven a metros de distancia, la marginalidad y la opulencia.
Ustedes saben bien que mi formación académica no es la de un historiador. Pero abrigo un enorme respeto por nuestras raíces y desde muy joven figuró entre mis preocupaciones la indiferencia y a ratos hasta el desdén que muchos de nuestros compatriotas sienten por nuestro pasado.
Por eso, cuando el pueblo panameño me dio el privilegio de servirle desde la Presidencia, se dotó de recursos a la Biblioteca Nacional y se creó también el Museo del Canal Interoceánico. Y allí siguen hoy como custodios de nuestra historia, de nuestro acervo cultural, para que propios y extraños puedan ver de dónde venimos y entiendan así para dónde vamos.
Por ello me resulta especialmente grato ver la manera como el Patronato de Panamá Viejo, del que me honro haber impulsado cuando estas ruinas antiguas se habían convertido en modernos monumentos a la desidia, le ha dado nueva vida a este sitio, que lo ha enriquecido con un museo, precisamente para que se preserve en la memoria y viva en la imaginación este conjunto tan lleno de historia.
Quiero pensar que fueron esas iniciativas, ese pequeño legado, lo que motiva el honor de conferirme las llaves de la ciudad de Panamá.
Amigas y amigos:
Dejo a la labor enjundiosa de los historiadores y académicos determinar si al final el nombre de Panamá proviene del nombre de un árbol, de abundancia de peces, o abundancia de mariposas. Yo quiero que para los próximos 500 años signifique abundancia de conocimientos, abundancia de cordialidad, donde jamás tengan asidero la desigualdad ni la discriminación ni la xenofobia.
Aquí nació nuestra ciudad, si bordeamos la bahía llegamos al sitio donde se trasladó luego del ataque pirata, y en la mitad y a los lados una ciudad que parece haber crecido para arriba. Pero en el fondo sigue siendo la misma desde siempre: cosmopolita, atractiva para el extranjero, y con una idiosincrasia muy propia.
Por el origen histórico del galardón, es más frecuente que sea un extranjero y no un panameño quien reciba la llave de la ciudad. Por eso siento que otorgármela es un honor inmenso el que hoy me hace el Consejo Municipal de Panamá, y más aún en una fecha tan especial, tan emblemática, como es la de la conmemoración de los 500 años de su fundación.
He de atesorar para siempre este momento y guardaré para todos los que participaron de esa decisión mi gratitud imperecedera.
Pero más allá de la distinción personal, las llaves de nuestra ciudad de corazón las comparto con los miles y miles de hombres y mujeres, niños y ancianos de todas las épocas que la han vivido, con los que han padecido sus carencias y sus tranques; con los que reciben servicios públicos a diario y con los que se han resignado a recibirlos pocas horas del día, y a veces a ninguna; con los que se desplazan en sus automóviles y los usuarios del transporte público; con los trabajadores, estudiantes y jubilados; en fin, con todos los que habitan esta ciudad cinco veces centenaria.
Y no me quedo sólo con el honor. Desde hoy siento que soy un ciudadano con más responsabilidades porque la ciudad me ha distinguido. Simón Bolívar prefería el título de buen ciudadano al de Libertador o cualquier otro. Ustedes, al otorgarme las llaves de la ciudad me han considerado un buen ciudadano, título que valoro más que cualquier otro. Tengan la seguridad que en todo lo que me reste de vida trataré de hacerme merecedor de este título para que mis hijas, y los hijos de mis hijas, puedan repetir con orgullo que el día que nuestra ciudad cumplió sus primeros 500 años, ella, al entregarme sus llaves, me distinguió como un buen ciudadano.

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