«La democratización de Panamá se estancó y hace falta una reforma institucional»

Ernesto Pérez Balladares, expresidente de Panamá, durante la entrevista con ABC en Madrid – Ernesto Agudo

Entrevista realizada por el periodista Manuel Trujillo para el diario ABC de España.
Publicada el 2 de mayo de 2018. Clic aquí para ver en la fuente original.

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Ernesto Pérez Balladares, de 71 años, presidió Panamá entre 1994 y 1999, un periodo en el que impulsó reformas para modernizar el país y su entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Casi dos décadas después, ante la gravedad de la crisis institucional que observa, está dispuesto a regresar a la arena política como candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD) en las elecciones del próximo año para situar definitivamente a Panamá entre los países desarrollados. «Toro» Balladares, como se le conoce, conversa con ABC durante una visita a España.

– ¿Se volverá a presentar como candiato a presidente en las elecciones de mayo de 2019?

– Nos hemos quedado estancados en el proceso de democratización. Si damos los pasos correctos, podemos entrar fácilmente en el grupo de países más desarrollados, pero si damos los equivocados, podemos caer en la experiencia sudamericana. Yo me presentaría sólo para cambiar la institucionalidad del país, dentro de la Constitución, para reforma de la actual elección clientelar de la Asamblea, que está muy desprestigiada, y el reequilibrio de los poderes del Estado, porque tenemos un órgano ejecutivo extremadamente poderoso y no hay un órgano judicial independiente. Yo no tengo ambición de regresar. Lo haría para reformar lo que hay que reformar y, si fuera posible, después de dos o tres años llamar a una nueva elección general con las nuevas reglas de juego e irme a mi casa.

Y para mí, lo fundamental es hacer un buen uso de los recursos que da el Canal de Panamá e invertir gran cantidad en una educación de alta calidad. Todas las pruebas de populismo han sido un fracaso: la única manera de romper el ciclo de pobreza no es quitar al que tiene para darle al que no tiene, sino dar al que no tiene el camino para que pueda tener. Y eso es educación, eso es salud.

– El expresidente Ricardo Martinelli está en prisión en EE.UU. a la espera de ser extraditado. ¿Cómo observa estos casos de corrupción y que propondría para atajarlos?

– Para cualquier panameño, es una vergüenza que un expresidente esté detenido en cualquier cárcel del mundo, independientemente de que tenga justificación o no. Siempre ha habido corrupción en todo el mundo, pero siempre ha sido castigada y se ha dado en los niveles medio o bajo. Esta vez empieza arriba y no solo se corrompe la administración pública, sino toda la sociedad. El daño que han causado estas empresas corruptas en Panamá y América Latina es muy grande. Necesitamos una especie de renacimiento de los valores éticos y morales. No podemos seguir por este camino del facilismo y del «tengo que robar para estar bien». Eso va a crear un deterioro y un estallido social en algún momento.

– ¿Eso pasa por la reforma institucional que propone?

– Por supuesto. Una de las formas de evitar esa explosión es asegurar que las instituciones fundamentales de una democracia funcionan adecuada y honestamente, crear las condiciones para que sea así, complementado por una cultura política mejor, lo que pasa por los sistemas educativos.

– Los «papeles de Panamá» asociaron el nombre del país al lavado de dinero. ¿Se ha convertido en un paraíso fiscal?

– No. Panamá tiene históricamente un sistema impositivo territorial, que es lo que da el nacimiento a esta industria de creación de sociedades anónimas a través de abogados. El mundo cambió en los últimos diez años, sobre todo por la necesidad de países cuyas empresas buscan evitar, no evadir, la generación de impuestos. ¿Se mal usó? Sí, porque empezaron a usar estas facilidades para esconder dinero mal habido. No es el instrumento lo que está mal, sino el uso que de él han hecho ciudadanos inescrupulosos. A eso se suma el peligro del terrorismo. Por eso se ha ido avanzando a cambios y se han creado mecanismos de control. Ahora en Panamá es mucho más difícil abrir una cuenta en un banco que en Delaware, en EE.UU. Los «papeles de Panamá» produjeron la quiebra de la firma Mossack-Fonseca, pero hay muchísimas más funcionando, ahora con muchos más mecanismos de control. Si los países de la OCDE tuvieran un sistema impositivo adecuado, no habría incentivos para tratar de evitar pagar.

– ¿Debería haber más controles?

– Debería ser igual para todos. Si nuestro sistema ha establecido una serie de medidas muy duras, igualmente deben establecerse en EE.UU., que es el paraíso fiscal más grande del mundo. En Delaware y dos o tres estados más no importa de dónde sale el dinero y si llega en efectivo o en cheque. Eso es un paraíso fiscal.

– ¿Cómo ha cambiado Panamá desde que dejo la presidencia?

– El presupuesto más alto de mi administración, en 1999, fueron 4.000 millones de dólares. El de este año es de 23.000 millones, un cambio casi exponencial en 20 años. La ciudad de Panamá se ha transformado en una urbe metropolitana con millón y medio de habitantes. Por PIB per cápita, es el país más rico de América Latina. Mucho de eso se atribuye a las reformas que tuvimos que hacer. Es otro país. Pero tenemos un gran problema: hay gran disparidad en la distribución de la riqueza, con muy poca gente con muchísimo dinero y mucha con muy poco. Hay que buscar políticas públicas que hagan posible el camino de acceso. Por eso debe invertirse en educación y salud.

– ¿La ampliación y gestión del Canal han dado el resultado esperado?

– Sí, sin duda. Ya se hicieron una serie de cambios muy importantes cuando empezó la administración panameña en el año 2000. Antes se pagaba por tonelaje y ahora por volumen, lo que hace mucho más caro pasar un barco por el Canal. Con las nuevas esclusas y tránsitos más voluminosos, han subido los ingresos sustancialmente y aporta al Estado panameño 1.500 millones de dólares. Pero lo más importante es que en torno al Canal se han desarrollado puertos, ferrocarriles y mecanismos que permiten que Panamá se vaya convirtiendo en un centro logístico de las Américas. Ahora hemos iniciado relaciones con China, que ve en nosotros la posibilidad de establecer aquí sus mecanismos de distribución y de acceder a los diferentes mercados.

– ¿No ve con preocupación este desembarco chino?

– Sí, porque somos una república muy chiquita y porque el Canal, aunque sea nuestro, sigue siendo un bien estratégico comercial para EE.UU., ya que el 60% de los barcos que cruzan van o vienen de un puerto norteamericano, mientras que China tiene sus propios intereses. En esa contradicción, podemos tener ganancias, pero con riesgos y mucho cuidado. Yo lo veo con aprensión, pero pienso también que es una oportunidad.

– ¿Se ha desprendido Panamá del tutelaje de EE.UU.?

La presencia estadounidense que más inquina creaba en Panamá eran sus bases militares, que no tenían nada que ver con el Canal. Eso se fue. En consecuencia, Panamá ya no se siente el patio trasero de EE.UU.

– Usted que incluyó a Panamá en la OMC, ¿cómo ve el proteccionismo comercial de Donald Trump?

– Este presidente ha creado toda una contradicción con lo que EE.UU. venía predicando históricamente: comercio libre, intercambio sin barreras, flujo de capitales… Todo lo que conocemos como economía libre. No sé si va a tener éxito o simplemente es un punto de negociación. Un ejemplo: amenazó a Corea del Norte, lo que ha producido que se siente con el Sur y tenga una próxima cita con él. Es un negociante. No tengo otra lectura de él, aparte de su personalidad un poco violenta.

– Pero, ¿cómo repercute en Panamá?

– Mientras que el petróleo venezolano cada día es menos necesario para Estados Unidos, en Panamá sí hay una razón estratégica. Si sienten que hay una amenaza al Canal, cualquier presidente puede aplicar la enmienda de Concini, por la que se reserva el derecho a intervenir en su defensa. Entonces, nuestra situación es más peligrosa. Como decía Torrijos, tenemos que tener cuidado de jugar con la cadena, pero no con el mono.

– Si hay una guerra comercial, ¿cómo afectaría a su país?

Por más que pongas barreras, va a haber un gran intercambio comercial en el resto del mundo: China, Japón, Corea van a seguir exportando, y si no a EE.UU., a Europa o Suramérica. El Canal siempre tiene un uso estratégico en el comercio.

– A la vista de lo que sucede en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, ¿se le ha pasado la hora a la izquierda populista en América Latina?

– Sí, sin duda. Es el momento de cambio, no solo en América Latina, y esa izquierda tiene que redefinirse con los nuevos paradigmas mundiales. El populismo va en franca decadencia y ha sido un fracaso. Todo en esta vida tiene un costo, nada es gratis, y el que se supera es porque trabaja, no porque se lo regalan. No puedes estar de acuerdo con estos populismos regaladores que creen que todo es gratis.

– ¿Qué salida ve en Nicaragua?

– Yo soy nicaragüense por mi padre y me duele mucho lo que pasa. Ahora lo que cabe es un diálogo sincero de todas las partes para buscar un camino de salida a la crisis institucional. Crear un vacío exigiendo que se vaya el presidente no es lo más conveniente. En ese diálogo debería ser un punto fundamental la reforma del tribunal electoral, para que lo que sea dentro de dos años en las elecciones sea aceptado por todos los partidos. La violencia no lleva sino a más violencia y el presidente Ortega ha hecho bien en bajar los niveles de enfrenamiento.

– ¿Cómo están las relaciones de Panamá con España?

– Bien, tenemos muchos vínculos con España y con algunas empresas. Como es nomral, a veces hay problemas y se tienen que solucionar. El tema de Sacyr está siendo motivo de arbitraje y lo que determine será. La sospecha que le queda a uno es tema Odebrecht, ojalá ninguna empresa española haya ido por ese camino.

– ¿Tiene algún indicio de eso?

– No, si lo tuviera lo diría.

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