Deuda externa: La Reestructuración

Para mediados de 1996, el Gobierno de Panamá anuncia el fin del programa de reestructuración de la deuda externa. Los objetivos se alcanzaron: Refinanciamiento por reconversión, canje o recompra, evitando la transferencia indiscriminada de recursos.

El 26 de julio de ese año, medios locales y extranjeros reseñaban las declaraciones del ministro de Planificación y Política Económica, Guillermo Chapman, según las cuales se había encauzado el pago de la voluminosa deuda comercial exterior, unos 3.800 millones de dólares, tras cuatro años de negociaciones.

Chapman, junto al economista Ricauter Vásquez, principal negociador de la deuda, destacó en una rueda de prensa que con el plan acordado con los bancos extranjeros acreedores el Estado se ahorrarían 1.196,6 millones de dólares, casi un tercio de la deuda total. El ministro subrayó que el Estado panameño pagaría 120 millones de dólares anuales hasta el año 2.026, para amortizar capital e intereses, lo que suponía un 11% del presupuesto general de esta nación.

El Estado adquirió estos créditos en las décadas de los años setenta y ochenta, pero dejó de pagarlos a partir de 1987 cuando EE.UU. impuso un bloqueo comercial para presionar al gobierno del entonces «hombre fuerte», el general Manuel Antonio Noriega. Con la invasión de Panamá por el ejército norteamericano, en diciembre de 1989, Noriega fue derrocado y condenado a 40 años de cárcel por narcotráfico, dejando al país en una situación económica muy grave, con unos 7.000 millones de dólares de deuda pública.

Esta situación la heredó el presidente Guillermo Endara (1989-1994), cuyo gobierno intentó, sin éxito, renegociar la deuda comercial con los bancos acreedores, que llegaron a amenazar con demandar al país si no se abrían negociaciones para saldarla. No fue sino hasta la llegada a la Presidencia de Ernesto Pérez Balladares que se impulsaron las conversaciones que llevaron al acuerdo definitivo que presentó el ministro Chapman.

El ministro celebraba que por fin Panamá dejaría de ser identificado por los organismos internacionales de crédito como «malpaga», lo que en la práctica abría al país a nuevas oportunidades de inversiones extranjeras.

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El programa de reestructuración de deuda, diseñado según las directrices del denominado «Plan Brady», redujo en un 30% la deuda exterior panameña con la banca comercial con la emisión de tres tipos de instrumentos: bonos de reducción de intereses, bonos a la par y bonos con descuento, canjeados por la deuda existente en ese momento.

Los bonos de reducción de intereses, que forman el 82% del programa, no requerían respaldo de bonos «cupón cero» del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, lo que reflejaba la confianza de los mercados en los bonos panameños.

El programa, cofinanciado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), constituía la garantía necesaria para realizar el canje de bonos, incluida la compra de bonos cupón cero estadounidenses, para respaldar los restantes bonos (a la par y con descuento) emitidos por Panamá.

El coste total del programa se calculó en 216 millones de dólares, de los cuales Panamá aportó aproximadamente 186 millones de dólares y el resto las instituciones financieras internacionales como el BID.

El plan de amortización de deuda reducía el riesgo de que variarán las tasas de interés, porque buena parte eran fijas y toda la deuda se había convertido a dólares, con lo que se evitaban las fluctuaciones del cambio de moneda.

Cuando se suscribió el primer acuerdo, en mayo de 1995, la deuda, que se negociaba en el mercado a 49 centavos por dólar, pasó a valer 73 centavos de dólar para julio de 1996. Es decir, más del 70% de incremento en poco más de un año. Por eso, los expertos señalan que los papeles de nuestra deuda tenía un mejor comportamiento que los de Argentina, Brasil y México, así como en el conjunto del mercado de deuda de naciones emergentes. Panamá quedó, en cuanto al precio y rendimiento, en segundo lugar después de Polonia.

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