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El resurgir de la mujer y la familia

Doña Dorita, como cariñosamente la llama el pueblo panameño, fue un apoyo incondicional para el rescate de los valores torrijistas.

Doña Dorita, como cariñosamente la llama el pueblo panameño, fue un apoyo incondicional para el rescate de los valores torrijistas.

La licenciada Dora Boyd de Pérez Balladares tenía claro que, si su esposo llegaba a la presidencia de la república, su misión central como Primera Dama sería acompañarle en la ejecución de una política social verdaderamente alineada con los valores primigenios del PRD. Ella estaba llamada a convertirse en el puente, la mano amiga, la sonrisa y la solución para muchos de los problemas sociales que aquejaban a nuestra gente en la década de los noventa.

Durante la campaña de 1994, en su mente fue construyendo una serie de ideas para implementar un modelo de desarrollo humano que ampliara las oportunidades de participación ciudadana y bienestar social de las comunidades más vulnerables: la niñez, la mujer, la juventud y los discapacitados.

Tendría que ingeniárselas para movilizar recursos de la cooperación nacional e internacional para el beneficio de los sectores sociales más necesitados.  Y estas expectativas fueron proyectadas al electorado en varios de los mensajes institucionales que se divulgaron durante la contienda electoral. Aquí te dejamos algunos de ellos.

Compromisos cumplidos

Tras el triunfo electoral del PRD, doña Dorita supo conjugar su capacidad profesional, su sensibilidad social y sus dotes de gran mujer para elevar al más alto sitial la condición de Primera Dama de la República; apegada fielmente a los valores torrijistas.

En su desempeño mostró absoluto respeto a las instituciones establecidas. Su capacidad de convocatoria, de gestión y de concertación estuvo al servicio de las más nobles causas. Su liderazgo personal le permitió acceder a diferentes espacios de nuestra sociedad, para convertirlos en aliados estratégicos a beneficio de los más débiles y vulnerables. Siempre con las palabras justas, el aliento necesario, el conocimiento profundo de un problema y el compromiso permanente con su solución en pequeños encuentros comunitarios de mujeres rurales, de jóvenes o de familias humildes.

Con ese mismo ímpetu llevó el nombre de Panamá a diversos foros internacionales, donde se desempeñó como la mejor embajadora de nuestro gobierno y la mejor mensajera de nuestro pueblo. Por eso ella pasó a la historia como una verdadera Dama de Primera.

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