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El cierre: Bases militares de EE.UU.

No había que reformar ni reformular nada. Los Tratados Torrijos-Carter se cumplirían en su totalidad. Promesa cumplida del presidente Ernesto Pérez Balladares.

En Panamá, algunos querían mantener la presencia militar estadounidense en el territorio más allá del año 2000 para garantizar la seguridad de la nación. Otros asociaban de forma inconsciente esas bases con el bienestar económico que generaban. Y por supuesto al Tío Sam le encantaban estas opiniones públicas a su favor.

La administración del presidente Ernesto Pérez Balladares se empeñó en demostrar que la permanencia de los contingentes extranjeros no representaba ningún beneficio para el país. Al mismo tiempo, ejecutó una impecable estrategia diplomática con altos funcionarios de Washington para concluir con éxito la movida etapa final del proceso de reversión. «En esta materia, definitivamente, no hay que reformar ni reformular nada. Los Tratados firmados por Omar Torrijos se cumplirán», declaró el mandatario de forma reiterada para que quedara claro que en Panamá no se tendrían bases militares ni disfrazadas, ni encubiertas.

Así pues, durante el quinquenio 1994-1999 se hizo lo necesario para que, tal y como estaba previsto en los acuerdos canaleros de 1977,  se diera el retiro de las últimas tropas del Ejército Sur de EE.UU, con base en el Fuerte Clayton,  sin ningún tipo de demoras el 30 de noviembre de 1999. Un total de 459 militares activos, 700 civiles y 212 integrantes de esta reserva militar salieron de nuestro territorio y se establecieron en el Fuerte Buchanan en Puerto Rico para dirigir sus misiones a toda Latinoamérica y el Caribe. La partida de estos soldados y la entrega del Canal,  por jugarretas del tiempo, fue atendida por la presidenta Mireya Moscoso que asumió el poder en septiembre del 99.

Tácticas gringas

Hagamos un salto en el tiempo  y veamos lo que ocurrió dos semanas antes de la toma de posesión del presidente Pérez Balladares. El 16 de agosto de 1994, el general Barry McCaffrey, máxima autoridad del Comando Sur, invitó al mandatario recién electo a conocer la sede en Panamá de este comando de combate unificado, perteneciente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que funcionaba en el sitio denominado Quarry Heights en las riberas pacíficas del Canal. Clic aquí si quieres leer más sobre esta antigua reserva militar estadounidense en nuestro territorio.

Cuatro meses después, el 15 de diciembre de 1994, el general McCaffrey extiende una nueva invitación al Dr. Pérez Balladares, ahora como mandatario en ejercicio y en compañía de otros miembros de su gobierno, entre ellos el canciller Gabriel Lewis Galindo y el primer vicepresidente Tomás Altamirano Duque.

El objetivo de esta segunda visita era que el nuevo gobierno panameño tuviera un conocimiento claro de las tareas que tenían ambas naciones en el proceso de transición y entrega de todas las áreas y bienes de la Zona del Canal. La agenda contempló un sobrevuelo por la Isla Galeta, que es una franja ístmica que sobresale al mar en la Provincia de Colón, en la que funcionaba un complejo de antenas de comunicaciones. También hicieron una caminata por las áreas más importantes del Fuerte Sherman y Rodman, con una extensa explicación sobre el peso de ambos lugares en los entrenamientos militares.

En el aeropuerto Howard, el presidente Pérez Balladares y su comitiva recibieron información sobre las operaciones del sofisticado centro de monitoreo de aeronaves que volaban sobre los espacios aéreos de la región. Aquellas que no presentaban planes de navegación eran sospechosas de estar desarrollando actividades de narcotráfico. Más abajo dejamos un vídeo en el que podrá ver parte del protocolo de la actividad desarrollada el 16 de agosto de 1994 y una secuencia de fotos de este amplio recorrido realizado en diciembre del mismo año.

Evaluación y táctica

En su autobiografía El Panamá que construimos, el presidente Pérez Balladares relata que instruyó a su canciller, don Gabriel, a revisar con mucho tacto las pretensiones de Washington. «Para nadie es un secreto que Gabriel era una persona con sólidas relaciones con los Estados Unidos, algo que Torrijos había aprovechado muy bien en los años que se concentró en lograr los Tratados», señala.

Lewis Galindo cumplió con la orden, sumando a varios miembros del gabinete que él mismo formó dentro de la Cancillería: sus asesores Rómulo Escobar Bethancourt, que había sido el jefe de los negociadores de los Tratados Torrijos-Carter; Adolfo Ahumada y José Isabel Blandón (padre). También figuraba Omar Suárez Jaén, su viceministro de Relaciones Exteriores, Daniel Delgado Diamante, su secretario privado y Ricardo Alberto Arias, nuestro embajador en Washington. Todos ellos, con excepción de Blandón y Arias, fueron miembros de aquel histórico equipo negociador. Otros que se involucraron fueron Ricardo Fábrega y los ministros Mitchell Doens, (Trabajo) y Francisco Sánchez Cárdenas (Vivienda), por su evidente importancia dentro del PRD.

El equipo de analistas concluyó lo siguiente:

  1. Sí. Inevitablemente EE. UU. iba a hacer lo imposible, por la vía diplomática o cualquier otra, para mantener a sus militares en Panamá más allá del 2000.
  2. Esto sería para el gobierno Pérez Balladares una bomba de tiempo tanto a lo interno como en la complicada labor de mantener las mejores relaciones con Estados Unidos, de manera que no se viera afectada la entrega del Canal.
  3. Si el gobierno estadounidense expresaba directa y abiertamente su intención, el Ejecutivo entonces haría una contra propuesta: crear un Centro de Lucha Contra las Drogas en una de las instalaciones de la Base Aérea de Howard. De llegar a un acuerdo, este sería de naturaleza estrictamente civil, con instituciones norteamericanas involucradas en la lucha contra ese flagelo, como la DEA, la Procuraduría, Migración y Aduanas. Pero, además, con la participación de otros países de la región que, sin duda, estaban afectados por el mismo problema. Es decir, sería una iniciativa multinacional.
  4. Para paliar el problema del financiamiento por parte de los EE.UU. de ese Centro Antidrogas, plantearían que se usara de forma gratuita un área de Howard y que la DEA, que siempre contaba con grandes recursos, destinara una parte de su presupuesto a cubrir los otros costos de las operaciones.

Pronóstico cumplido

Para cuando se hizo la primera visita oficial a Washington del Dr. Ernesto Pérez Balladares, el 6 de septiembre de 1995, a último momento ocurrió lo que el gobierno panameño había previsto. El presidente Bill Clinton sugirió evaluar que su país mantuviera presencia militar después del cumplimiento de los Tratados. La respuesta del mandatario panameño fue hacer una «exploración no formal» de la puesta en funcionamiento de lo que luego se conoció como el CMA. Clic aquí para ampliar este tema tan complejo como interesante.

El propio Pérez Balladares lo relata así en su libro:

«… fue muy sorpresivo para mí ver cómo se desarrollaba mi encuentro con el presidente Clinton de una forma tan fluida y amigable, sin asomar ni remotamente el tema. No fue sino cuando terminó el almuerzo y estaba a punto de irme que mi homólogo me preguntó el asunto solo porque, como ya les conté, su secretario del Departamento de Estado, Warren Christopher, le pasó aquel trozo de papel. Mi embajador en Washington me asegura que lo que allí estaba escrito era que nosotros no hablaríamos de las bases. De ahí que Clinton asomara el asunto con tanta sutileza, como queriendo y no queriendo hacer alguna cosa al respecto.

Ese detalle me hizo presumir que en realidad en Washington no había consenso sobre la necesidad de mantenerse en Panamá. Me atrevería a decir que el mismo Clinton no valoraba el tema. El único que parecía interesado en que no quedara en el olvido era Christopher, a quien por la naturaleza de su cargo le tocaba tratar y negociar directamente con el pesado senador Helms, aparentemente el cerebro detrás de esta trama. Tal vez al secretario le preocupaba mucho que el veterano político le jalara las orejas por el descuido de la Casa Blanca de no presentarnos los intereses de seguridad del Tío Sam. Y mi canciller estuvo tan de acuerdo conmigo en esa apreciación que, unos días después de nuestro viaje, el 28 de septiembre de 1995, cuando atendió una citación de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Legislativa, Gabriel señaló esa impresión sobre la falta de acuerdo con lo interno del gobierno de Clinton».

Para cerrar este artículo, lo prometido: un vídeo que recopila los momentos más importantes de las dos visitas que hizo el presidente Ernesto Pérez Balladares a la ya desaparecida sede del Comando Sur en Panamá y otras instalaciones militares estadounidenses en nuestro país.

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