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Doloroso: 9 de enero 1964

Reflexiones sobre la confrontación más violenta registrada entre los jóvenes panameños y las fuerzas policiales norteamericanas estacionadas en la Zona del Canal. La historia detrás del Día de los Mártires.

En su libro El Panamá que construimos, el presidente Ernesto Pérez Balladares hace un recuento de los eventos que se desarrollaron antes, durante y después de este complicado e intenso episodio de la historia nacional. El autor considera que parte de los antecedentes históricos se encuentran en los orígenes de la bandera panameña. «La clandestinidad fue una característica que no solo la acompañó en el desarrollo de su diseño, sino que prevaleció por un buen tiempo porque izarla en algunos lugares de nuestro territorio fue prácticamente un delito durante todo el siglo XX, mientras los Estados Unidos tuvieron bajo su control la Zona del Canal», señala.

I do not care

El Dr. Pérez Balladares comienza su relato recordando que, en junio de 1962, John F. Kennedy invitó a la Casa Blanca al presidente de Panamá, Roberto F. Chiari, para abordar espinosos temas. Por un lado, nuestra aspiración de izar la bandera panameña en la Zona. Por el otro, explorar la posibilidad de anular los viejos tratados de 1903, 1936 y 1955, y lograr un nuevo pacto entre ambas naciones, que sustituyera la chocante “perpetuidad” en el uso, ocupación y control del Canal por un plazo de 50 años a partir del momento de la nueva firma.

JFK se trancó en esperar entre 5 y 10 años para encaminar las negociaciones en ese rumbo, alegando que el pueblo estadounidense no estaba preparado para dar ese salto. Entonces se creó una Comisión de Alto Nivel para atender los asuntos más inmediatos, dejando como resultado el Acuerdo Chiari-Kennedy que fue firmado en enero de 1963. Allí quedó claro que ambas banderas ondearían juntas en quince lugares públicos de la Zona a partir del 1 de enero de 1964.

Mientras llegaba ese día, una tragedia ocurrió el 22 de noviembre de 1963: el magnicidio de Kennedy. Fue sustituido por el vicepresidente Lyndon B. Johnson, quien además de terminar el mandato que le correspondía a JFK, logró ser elegido para un nuevo período presidencial el 3 de noviembre de 1964, con el respaldo de 61.1 % de los votos populares. «¿Y cómo eso nos afectó? Bueno, algunos historiadores afirman que el asunto con Panamá perdió importancia frente a los grandes retos que sobrevinieron en Estados Unidos a raíz del asesinato de JFK y, peor aún, que la orden ejecutiva firmada por él para izar las dos banderas en la Zona podría haber sido archivada», expone el presidente Ernesto Pérez Balladares.



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Cuando llegó el 1 de enero de 1964 el presidente Lyndon Johnson ordenó que las banderas de Panamá y Estados Unidos ondearan juntas en los sitios públicos acordados. Pero de inmediato se manifestó la total negación por parte de los residentes estadounidenses. Es probable que ellos sintieran un cierto apoyo en la ambigua actitud que asumieron sus autoridades locales. Por su parte, el gobernador general, Robert Fleming, ordenó retirar la asta que estaba frente a su casa y la que se encontraba en la Capitanía de Puerto. Él creyó, quizá ingenuamente, que de esa forma ni sus paisanos ni los panameños nos empeñaríamos en izar nuestras respectivas banderas. ¡Craso error! Los irreverentes zonians se las ingeniaron y pusieron a ondear el pabellón estadounidense en esos dos lugares. En simultáneo, el sargento Carlton Bell, de la policía zoneíta, los respaldó haciendo lo mismo en la Plaza de Balboa. En un abrir y cerrar de ojos, en los lugares públicos de la Zona lo único que prevalecía era el rojo y el azul de las emblemáticas trece franjas horizontales, acompañadas de las 50 estrellas blancas sobre un fondo azul.

Es importante destacar, para comprender las motivaciones de los estadounidenses establecidos en la Zona, que existía la convicción colectiva entre ellos de que ese territorio era soberano de los Estados Unidos y completamente apartado de Panamá. En su libro, el Dr. Pérez Balladares reflexiona lo siguiente:

«No era ni una cosa ni la otra y, a falta de una bandera propia, ellos solo permitirían ondear la de su país de origen. La nuestra era vista como un objeto diabólico que encarnaba el fin de su tranquilidad. Sentían, además, que ni siquiera el gobierno de Washington tenía derecho de cambiar las condiciones existentes. Así que les importaba nada lo que pudieran haber dicho JFK o Johnson.

Pero a los panameños sí nos importaba, y mucho, los acuerdos pactados. Estábamos tan cabreados con el descarado incumplimiento que los primeros en salir al frente a reclamar fueron los aguerridos estudiantes del Instituto Nacional. Unos doscientos jóvenes, liderados por Guillermo Guevara Paz, se presentaron en la Zona e insistieron en izar nuestro Pabellón Nacional en la Escuela Secundaria de Balboa. Aunque dejaron pasar para eso a una delegación de cinco alumnos, una vez adentro ellos se encontraron con la furia de los estudiantes zoneítas, la de sus padres y, por si fuera poco, con la de los funcionarios policiales gringos. Entre empujones, abucheos, golpes y demás, la bandera panameña terminó hecha pedazos. ¡Ahí se armó la tángana!»

El autor de El Panamá que construimos aclara que él no estaba en Panamá aquel fatídico día. Se encontraba en Estados Unidos estudiando su carrera universitaria; pero la distancia no fue impedimento para enterarse: «… me estremecí hasta el alma. ¡Cuánta impotencia sentí!», dice.

Momentum

El Dr. Pérez Balladares coincide con las apreciaciones hechas por personalidades como el abogado Adolfo Ahumada, quien vivió en primera fila los sucesos del 9 de enero, sobre el hecho de que ese día las nuevas generaciones forjaron la carga emocional y un concepto de unidad nacional para lograr la abolición del tratado Hay Bunau-Varilla.

Ante la tragedia, el presidente Chiari, sin titubear, rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos, convirtiéndonos así en el primer país del hemisferio en tomar una medida como esta contra la primera potencia militar del mundo. Por otro lado, aquella triste jornada que nos dejó 22 muertos y más 400 heridos, logró despertar en la comunidad internacional contundentes posiciones que, mucho pero mucho tiempo después, pudimos capitalizar a nuestro favor.

Los británicos y franceses señalaron que los zonians eran tan desagradables como cualquier otro grupo de colonos y acusaron a los Estados Unidos de ser el más grande de todos los hipócritas. Recordemos que los gringos, autoproclamados defensores de la democracia y la libertad, tendían a criticar las actuaciones de aquellos dos países en ciertos reductos del mundo que estaban a merced de su poderío. Por otra parte, el entonces presidente de Egipto, Gamal Abdul Nasser, sugirió a Panamá que nacionalizara su Canal como ellos lo habían hecho con el Canal de Suez. China, la Unión Soviética y Cuba, denunciaron al gobierno estadounidense usando los peores calificativos posibles. ¡Hasta el dictador español Francisco Franco acusó al Tío Sam de agresor!

En Latinoamérica, Venezuela lideró el coro de críticas contra el imperio norteamericano al punto de que la OEA, bajo el auspicio de Brasil y con la asistencia de la ONU, tomó la jurisdicción de la disputa a través de su Comité de Paz Interamericano. Cuando los delegados de ese cuerpo llegaron a Panamá para investigar durante una semana todo lo ocurrido, los recibimos con un paro de actividades a nivel nacional por espacio de 15 minutos para demostrar la unidad de nuestro pueblo. Aunque al final no se tomó ninguna acción sobre nuestra moción para culpar al gobierno norteamericano de agresión, el Comité lo acusó de utilizar fuerza innecesaria.

Lo mejor ocurrió dentro de los Estados Unidos. Inicialmente, la prensa en ese país dio cobertura al asunto con una visión muy proestadounidense. Un ejemplo de eso fue la edición de la revista Life del 24 de enero de 1964, que le dio la vuelta al mundo mostrando una portada en la que quedaba claro que las relaciones entre ambos países habían llegado a un punto trágico y lamentable. El artículo interno, responsabilidad del corresponsal Tom Flaherty y el fotógrafo Stan Wayman, tenían un título que en español se traduciría como “Dentro de un feo combate en Panamá” y mostraba imágenes que reflejaban el horror de una guerra sin cuartel. La sustancia estaba en los textos, construidos solo con los testimonios de los habitantes de la Zona del Canal, quienes etiquetaban a los manifestantes panameños como “hordas comunistas y desestabilizadoras”.

Brillaban por su ausencia las raíces del conflicto y los resultados de la agresión armada del ejército norteamericano contra una población desarmada. Sin embargo, aquella tesis cargada de elementos de izquierda radical se cayó por su propio peso ante la contundente reacción internacional en contra del arrebato zoneíta.

«Siempre que recuerdo ese detalle con Ahumada, él reflexiona que si bien entre los distintos factores de la sociedad norteamericana imperaba un gran desacuerdo para reconocer nuestra soberanía sobre el Canal, esa discusión explotó justo cuando se desarrollaban los movimientos por las libertades civiles en aquel país, con los mismos efectos sociológicos y de psicología colectiva que causaban aquí nuestra lucha canalera. Entonces, grandes dirigentes como Martin Luther King, Malcom X, Stokely Carmichael, Andrew Young y hasta la gran cantante de jazz Nina Simone, se fueron uniendo para entender cuáles eran las razones de tantos reclamos por parte nuestra», expone el presidente Ernesto Pérez Balladares.

Al hacer clic aquí, puede descargar la revista Life publicada el 24 de enero de 1964 en formato pdf; que forma parte de los archivos personales del exmandatario panameño.

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