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La Invasión: Causa Injusta

La invasión a Panamá el 20 de diciembre de 1989 es un acto que no tiene ninguna justificación.

En su libro El Panamá que Construimos, casi al cierre del Capítulo 7 titulado «La dictadura del man», el presidente Ernesto Pérez Balladares reflexiona sobre la secuencia de acontecimientos en torno a lo que él cataloga como una «causa injusta»:

«Final y tristemente llegó el lobo, haciendo un despliegue militar que contó con la participación de unos 26 mil soldados de las unidades de élite; de los comandos navales; del ejército y de la 82ª División Aerotransportada gringa. Aquel impresionante poderío militar aplastó sin compasión a las Fuerzas de Defensa de Panamá que apenas llegaba a 12 mil efectivos y contaba con una minúscula fuerza aérea. En el camino, se llevaron la vida de cientos de civiles que no tenían nada que ver con los grupos de Noriega, pero que fueron el daño colateral de todo esto porque vivían en el popular barrio de El Chorrillo donde funcionaba el Cuartel Central de la Guardia Nacional.

Siempre se ha cuestionado si realmente era necesario que ocurriera esta sanguinaria acción. En lo personal, creo que eventualmente hubiéramos podido salir de Noriega de una forma menos dramática si hubiésemos concretado que el problema era únicamente él y no toda la institución militar, como concluyeron los gringos.

Eso explica por qué, después de azuzar a algunos oficiales de la Guardia Nacional para que dieran los golpes de Estado del 16 de marzo del 88 y el del 3 de octubre de 1989, no ayudaron a que la salida del “hombre fuerte” la lograra la mano de los mismos panameños.

Fue algo tan patético que en el segundo alzamiento dirigido por el mayor Moisés Giroldi, la inteligencia militar estadounidense acantonada en la Zona del Canal se negó a llevarse a Noriega cuando ya los alzados lo habían detenido. Por eso se cayó ese golpe y Giroldi terminó ejecutado con algunos de los miembros de su grupo.

Eran estos reveses los que hacían sentir a Noriega que seguía siendo el protegido de la CIA, a pesar de todo el cerco diplomático y económico impuesto por Reagan y reforzado luego por su sucesor George H. W. Bush. Pero todo comenzó a cambiar cuando su gran amigo, el director William J. Casey, fue sustituido en el cargo por William H. Webster en mayo de 1987. A partir de ese momento, Noriega dejó de tener la sobreprotección del director de la agencia.

Para cuando Bush asumió el control de la presidencia en enero del 89, a eso se le sumó la orden expresa de comenzar a evaluar la invasión sin que lo supiera la CIA. Es decir, la Operación Causa Justa fue planificada por la Casa Blanca y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Por eso, la invasión tomó a Noriega tan completamente despreocupado que venía borracho de Colón a la ciudad de Panamá. Sus contactos en la CIA no podían avisarle nada porque no contaban con información para alertarlo».

Otras consideraciones

En un artículo de opinión publicado en este espacio web, el exmandatario señaló que el argumento de que el canal y su operación estaban en peligro no se compadece con la verdad. El hecho cierto es que toda la cúpula militar de ese entonces se había convertido en un estorbo para EE. UU. Particularmente su exempleado Noriega quien estaba vinculado a delitos graves.  Si quieres leer este pronunciamiento, clic aquí.

A continuación, te dejamos dos vídeos históricos que forman parte de la videoteca personal del presidente Pérez Balladares.

El primero corresponde a la emisión que hizo el 20 de diciembre de 1989 el Southern Command Network (SCN), canal 8, medio televisivo estadounidense que funcionaba en la Zona del Canal de Panamá. Tiene una duración de cinco minutos y está en inglés sin subtítulos en español. Contiene la juramentación de Guillermo Endara como presidente de Panamá y luego el reporte sobre los tres días de las operaciones militares; la búsqueda de Noriega; y la situación dentro del Hotel Marriot que se mantuvo bajo el control de la fuerza de defensa panameña las primeras horas de la invasión.

Le sigue un documental de casi 23 minutos, en inglés con subtítulos en español, realizado para la televisión estadounidense. Aunque la información es sesgada, propia de la propaganda impulsada por Washington para justificar internacionalmente lo injustificable, contiene una serie de imágenes y descripciones que por sí solas demuestran que la intervención militar en Panamá fue desproporcionada y, en consecuencia, sanguinaria. Son documentos audiovisuales históricos que nos ayudan a recordar a los cientos de ciudadanos panameños inocentes que murieron durante esa acción.

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