«La democracia no se practica ni se enseña a base del desconocimiento de los débiles. Por eso pedimos la intervención del Consejo de Seguridad y esperamos que no solo se nos devuelva la paz y la tranquilidad, sino que se busquen soluciones permanentes que garanticen el bienestar y el desarrollo económico de la nación panameña».
Así cerró su discurso el embajador panameño Aquilino Boyd, actuando por instrucciones del presidente Roberto Chiari, en la reunión de emergencia que solicitó en el Consejo de Seguridad de la ONU el 10 de enero de 1964. Fue un momento crucial nuestra historia nacional.
El contexto
El 9 de enero de 1964, estudiantes panameños acudieron a la Zona del Canal —entonces bajo control de Estados Unidos— con el propósito de izar la bandera nacional junto a la estadounidense, en cumplimiento de un acuerdo alcanzado inicialmente con el presidente John F. Kennedy y posteriormente ratificado por su sucesor, Lyndon B. Johnson.
Lo que debía ser un acto cívico de afirmación soberana derivó en enfrentamientos violentos con fuerzas estadounidenses, que dejaron como saldo la muerte de veintiún jóvenes panameños, convertidos desde entonces en mártires de la lucha por nuestra soberanía.
En respuesta, el Gobierno del presidente Roberto Chiari rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos y ordenó al embajador Aquilino Boyd llevar el caso a las Naciones Unidas. En ese escenario, no solo se denunció la violación de la soberanía panameña, sino que se exigió una intervención internacional. La situación forzó a EE. UU. a aceptar que el statu quo era insostenible.
El hito de la internacionalización
Hasta enero de 1964, la cuestión del Canal era tratada por EE. UU. como un asunto bilateral cerrado. Al llevar el caso al Consejo de Seguridad de la ONU, Panamá rompió el cerco diplomático impuesto por Washington. Así, transformó un conflicto “administrativo” en un problema de soberanía y uso de la fuerza ante la comunidad internacional.
Aunque el Consejo no emitió una resolución condenatoria contra EE. UU., por razones geopolíticas de la Guerra Fría, el debate dejó constancia oficial de que Panamá era un Estado soberano enfrentado a una potencia ocupante de facto. Eso generó simpatía internacional, especialmente en América Latina, África y el bloque no alineado.
Cambio doctrinal
El mensaje de Boyd fue claro y novedoso para la época: Panamá no reclamaba solo una bandera, sino el derecho pleno a ejercer soberanía sobre su territorio. Gracias a sus palabras, la reversión del Canal dejó de ser una aspiración moral y pasó a ser una reivindicación jurídica y política sostenida.
Durante la década siguiente Panamá invocó repetidamente el precedente de 1964 en foros multilaterales. El tema del Canal se integró al discurso global sobre descolonización, en paralelo a África y Asia.
Aunque lento, el efecto fue acumulativo. EE. UU. pasó de defender “derechos perpetuos” a hablar de renegociación. Luego, bajo la administración de Jimmy Carter, a reconocer que la permanencia indefinida en la Zona del Canal carecía de legitimidad internacional.
El alegato de Boyd en la ONU estableció el principio de que la Zona del Canal era una anomalía colonial. Ese argumento reaparece explícitamente en la lógica de los Tratados Torrijos-Carter. Así que, en términos históricos sin 1964 no hay 1977.
A continuación, les dejamos esta joya de la memoria nacional, el discurso completo del embajador Aquilino Boyd.